Si bien las herramientas corporativas formales más comunes son las compañías, en particular las anónimas y limitadas, dentro de nuestro sistema se reconocen diversas formas asociativas que no necesariamente terminan siendo compañía ni se forman como personas jurídicas que pueden ser útiles al momento de hacer negocios. Al formar una compañía, existe la seguridad de que la responsabilidad de los socios o accionistas se limita al monto de su aportación y que la persona jurídica creada es aquella que contrae las obligaciones y ejerce los derechos. Sin embargo, eso no quiere decir que este sea el único mecanismo que tienen las personas para realizar emprendimientos y proteger las mismas.

Otras formas asociativas pueden ser tan simples y espontáneas como la que se forma entre un grupo de amigos para pedir una pizza una noche de fútbol (aunque no tiene fines comerciales, no deja de ser un mecanismo colaborativo para un fin específico), y hay otras tan complejas como las Asociaciones Público Privadas (APP´s) o consorcios que incluyen contratos públicos o privados de altas cuantías.

Si bien puede haber una confusión entre los distintos términos que nuestra legislación utiliza (cuentas en participación, consorcios, APP´s, joint ventures), hay diferencias conceptuales propias de cada tipo asociativo, pero en términos generales la naturaleza de estas es la misma. Para los fines de este documento, las llamaremos simplemente asociaciones.

Así, las asociaciones son un mecanismo de colaboración económica en las que varias personas suman sus aportes con el fin de participar en un negocio determinado. En este caso, se aplicaría el principio de “la unión hace la fuerza”, ya que la idea es que las personas aporten sus destrezas con el fin de unir fuerzas y conseguir un objetivo común que solos no lograrían.

La intención, sin duda, es participar en los resultados que el negocio genere; por eso, la importancia de este contrato radica en los aportes de sus socios. Este aporte no tendrá que ser necesariamente en dinero, sino que podrá aportar experiencia, maquinaria o cualquier otro bien o servicio que sea necesario para el negocio. Si bien la asociación no crea una persona jurídica y los socios responderán solidariamente por las obligaciones derivadas del acuerdo asociativo (podría ser una desventaja la responsabilidad ilimitada de sus socios); es un mecanismo mucho más versátil para poder iniciar negocios ya que no depende de una inscripción o el cumplimiento de una formalidad para poder operar. Además, la participación de una o varias personas estará bajo los términos del acuerdo y al ser un contrato amparado bajo el principio “pacta sunt servanda”, se estará a lo que las partes acuerden. La asociación permite la participación de los socios en los beneficios que genere la asociación, de acuerdo a los términos del contrato, lo que hace un instrumento mucho más flexible para el desarrollo del negocio.

Deberá llevar contabilidad como una unidad, distinta de la de los socios que la conforman, y se podrá liquidar bajo los parámetros establecidos en el mismo contrato sin mayor formalidad ni contratiempo.

Antes de implementar una asociación, es necesario analizar la conveniencia de hacerlo y, en particular, los términos que se establecerán en el contrato de asociación con el fin de que no existan riesgos innecesarios al emprender en negocios.

Advertencia: El boletín de Pérez, Bustamante & Ponce no es ni podrá ser usado como asesoría u opinión legal, en vista de que se trata de un documento puramente informativo.

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