Esquema Impuestos AppleDescripción del esquema que, según la Comisión, le permitió evadir miles de millones de Euros en impuestos a Apple – Infografía de la Comisión Europea

A finales de agosto, la Comisión Europea concluyó una investigación contra Apple que encontró que Irlanda otorgó a la compañía beneficios tributarios ilegales desde 1991. ¿De cuánto fue este beneficio? 13 mil millones de Euros que ahora Apple deberá pagar, más intereses. La Comisión dijo que Irlanda diseñó un sistema de trato preferencial a favor de Apple que le permitió evitar el impuesto a la renta de 12.5% que la Unión Europea impone en todos los países miembros. En definitiva, mientras los competidores de Apple en Francia, España, Portugal, etc., pagaban 12.5% de sus ingresos como impuesto a la renta, Apple pagó 0.005% en 2014[1]. Esto, de ser confirmado, le otorgaría una ventaja competitiva a la compañía estadounidense: miles de millones de dólares que no terminan en manos del Estado se invierten en investigación, desarrollo, publicidad, apertura de nuevas tiendas, etc.

Los resultados de la investigación se hicieron públicos en un momento político complejo. Varias compañías estadounidenses están siendo investigadas por casos similares, y las investigaciones no han sido bien recibidas en Washington. El Secretario del Tesoro de Estados Unidos envió una comunicación al Presidente de la Comisión Europea diciendo que “si bien Estados Unidos reconoce que la ayuda estatal ilegal es un concepto cimentado, las investigaciones civiles que la Comisión ha iniciado predominantemente contra compañías estadounidenses, crean un precedente perturbador en lo que se refiere a política fiscal internacional”[2]. Tim Cook, Presidente de Apple, como era de esperarse, no tomó nada bien la decisión, llamándola “una completa porquería política”[3].

La decisión también ha encontrado voces de apoyo. Francia y Alemania se pronunciaron a favor de la investigación, e incluso Richard Epstein, una de las mentes más influyentes (y liberales) de la academia legal estadounidense, salió en defensa de la sanción[4]. El argumento a favor del caso de la Comisión es simple: los países que forman parte de la Unión tienen libertad para diseñar políticas fiscales para atraer inversionistas. Siempre y cuando respeten la tasa del 12.5% de impuesto a la renta, los países miembros son libres de modificar a su conveniencia el sistema tributario general o impuestos específicos a corporaciones. Irlanda, al haberle permitido a Apple pagar su impuesto a la renta por debajo del 12.5%, le otorgó una ventaja ilegal frente a sus competidores que sí pagan esa tasa.

La decisión se ha analizado extensamente, y seguramente seguirá siendo objeto de debate. Nosotros analizaremos una arista que ha recibido menos atención: El caso de Irlanda es parte de una tendencia antigua pero que ha recobrado vigor en los últimos años: ahora son los Estados los que compiten con especial vehemencia en su objetivo de atraer inversión extranjera directa.

El PIB de Irlanda, por ejemplo, vio un incremento del 26% en 2015; este crecimiento es producto de un número de compañías que están mudando sus activos productivos a Irlanda. Además de Apple (y sus muy valiosas patentes y diseños industriales), Irlanda ahora es hogar de Intel, Boston Scientific, Dell, Pfizer, Google, Hewlett Packard, Facebook, Johnson & Johnson, entre otras[5]. El impacto en la economía irlandesa de poder contar las patentes de estas compañías entre sus activos productos es limitado, pero existe un beneficio real: miles de empleos directos y muchos más indirectos.

Tesla, en otro caso, comenzó hace algunos meses a construir su mega-planta de baterías de litio. El proyecto es tan grande que cuando esté completo, duplicará la capacidad mundial de producción de baterías. Tesla, consciente de los empleos e inversión que la construcción de la planta implica, puso a competir a cuatro Estados para ver cuál ofrecía los mejores beneficios tributarios: Arizona, Texas, Nuevo México y Nevada. Nevada ganó, ofreciendo un controversial paquete de incentivos tributarios[6] que le otorgarán a Tesla beneficios calculados en 1.3 mil millones de dólares en los próximos 20 años.

La competencia por atraer compañías también es regulatoria. Por ejemplo, el plan de Uber, a largo plazo, es eliminar de sus autos al elemento más impredecible de la fórmula: el conductor. La visión es lograr una flota de vehículos autónomos que puedan prestar el servicio a los clientes sin depender de un humano tras el volante. Hace pocos días Uber inició su experimentó, y puso en acción su primera flota de vehículos sin conductores en Pittsburgh. ¿Por qué Pittsburgh? Porque la ciudad, con miras a atraer a compañías como Uber, decidió no regular el uso de vehículos autónomos. Es decir, Uber no enfrenta normas que le impidan (o restrinjan) usar a la ciudad para probar su visión del futuro. En palabras del propio alcalde de Pittsburgh, “no es nuestra tarea erigir regulaciones o limitar a compañías como Uber. Tenemos dos opciones, o enredamos a las empresas en reglas o les damos la bienvenida con alfombra roja. Si deseas que tu ciudad sea un laboratorio tecnológico del siglo XXI, extiendes la alfombra roja”[7].

¿Cuál es, entonces, la solución correcta? ¿Deben los países (o regiones) competir por inversión extranjera a través de una carrera hacia el fondo, eliminando regulaciones e impuestos? ¿O pueden los países darse el lujo de ser un simple observador, y ver cómo la inversión y el desarrollo se lo llevan otros? Existen algunas posibles respuestas.

 

  • La primera, apoyada por posiciones políticas progresistas, argumenta que las compañías deben pagar “su justa tajada”; que las multinacionales deben tributar más, y que se deben crear sistemas de protección e incentivos para la pequeña industria. Elizabeth Warren, la senadora Demócrata de Massachusetts propuso esta solución frente al caso de Apple.
  • La segunda, propuesta por Robert Reich, es asociar las estrategias tributarias de las empresas a sus beneficios políticos y legales. En pocas palabras, si compañías como Apple deciden mover sus domicilios a otros países, entonces Estados Unidos, por ejemplo, debería prohibir que esas empresas participen en la política americana a través de contribuciones a candidaturas o lobbying. En segundo lugar, que no sean elegibles para participar en contratos con el Estado, porque ya no son estadounidenses. En tercer lugar, que las compañías pierdan el derecho de ser defendidas por el gobierno en casos de que su propiedad (desde sus fábricas hasta su propiedad intelectual) sean irrespetadas en el extranjero. Como ejemplo, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos formará parte de la apelación contra la decisión de la Comisión, y ha usado su peso político para cabildear a favor de Apple; Reich cree que las compañías que explotan sistemas legales para tributar menos, no deberían poder obtener beneficios políticos del gobierno del que se apartan.
  • La tercera propuesta, que mira al liberalismo clásico, aboga por una simplificación del régimen tributario en todos los países, que en última instancia permita a las empresas comparar y elegir la mejor opción. Esta posición cree firmemente en la importancia del comercio internacional y en la abolición de cualquier forma de proteccionismo como el fundamento para el desarrollo. No es tan importante, entonces, la tasa efectiva que cobren los Estados, sino un sistema transparente que apoye el intercambio internacional y la generación de riqueza, alejándose del proteccionismo o de distorsiones al comercio mundial.
  • Por último, The Economist, la publicación creada en 1843 para defender el liberalismo clásico, ha visto estos últimos desarrollos de manera especial. Hay una similitud, dice The Economist, entre la concentración de empresas de tecnología como Facebook, Google y Apple, y la concentración de mediados del siglo XIX de las empresas petroleras, acereras, algodoneras, etc. La revista sugiere que, después de una corta época de crecimiento exponencial, el siglo XIX vio la creación de los trusts, que con sus prácticas corporativas terminaron por impulsar la invención de leyes antimonopolio. Para The Economist, la conversación sobre regímenes tributarios queda corta; lo que debería discutirse es una nueva forma de regular a estas empresas con un poder y control sobre las capacidades tecnológicas del futuro que podría afectar la competencia y el desarrollo a largo plazo.

 

¿Cuál debe ser la posición de un país como Ecuador? ¿Debemos competir vehementemente con nuestros vecinos por atraer inversión? ¿Debemos mirar con cuidado el crecimiento de estas empresas? ¿Debemos crear más impuestos o debemos liberar el mercado para convertirnos en un “laboratorio del siglo XXI”?

[1] Este cálculo fue proporcionado por la propia Comisión Europea.

[2] C, EU has gone too far targeting US companies, CNBC commentari, http://www.cnbc.com/2016/02/24/eu-has-gone-too-far-targeting-us-companies-commentary.html

[3] Conor Humphries y Alastair Macdonald, EU ruling on Apple’s Irish tax is ‘total political crap’: CEO, Reuters, http://www.reuters.com/article/us-eu-apple-cook-idUSKCN1173Q2

[4] Richard Epstein, Europe gets Apple right, http://lawandlibertyblog.com/nyujll/2016/9/13/europe-gets-apple-right

[5] The Guardian, 700 US companies now located in Ireland as direct investments soars, https://www.theguardian.com/world/2015/mar/05/ireland-attracts-soaring-level-of-us-investment

[6] The Verge, Inside Nevada’s $1.3 billion gamble on Tesla, http://www.theverge.com/2016/2/8/10937076/tesla-gigafactory-battery-factory-nevada-tax-deal-elon-musk

[7] Cecilia Kang, No Driver? Bring it on. How Pittsburgh Became Uber’s Testing Ground, New York Times, http://www.nytimes.com/2016/09/11/technology/no-driver-bring-it-on-how-pittsburgh-became-ubers-testing-ground.html?_r=0

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