Se entiende que una persona que asiste todos los días a un determinado lugar de trabajo es en efecto un “trabajador”. Toda compañía necesita además de sus empleados, de la dirección de un Representante Legal. Las denominaciones pueden variar entre Gerente General, Presidente u otras, pero cabe preguntarse, ¿cuál es la naturaleza de la actividad de este Representante Legal?
Más allá de la terminología común de “jefe”, si el Representante Legal de una compañía asiste todos los días a ésta, imparte órdenes, administra y gestiona, cabe preguntarse si trabaja para la misma.
La respuesta es no, curiosamente pese a la percepción de que todas las actividades del Representante Legal se asimilen a nuestro concepto de “trabajo”, lo que ejerce en realidad en términos jurídicos es un “mandato”.
Para que una relación entre dos personas se pueda considerar de trabajo, se requiere entre otros elementos que exista lo que la ley denomina como “subordinación”. Es decir, el trabajador es una persona que recibe órdenes. Si el Representante Legal es quien las imparte, entonces el “jefe” no es trabajador.
El tema ha quedado esclarecido en el artículo 308 del Código del Trabajo, pero más allá de esta disposición, la diferenciación proviene de la naturaleza de la actividad del Representante Legal.
Los efectos de que no se considere al Representante Legal como trabajador, se manifiestan en que

  • no firma un contrato de trabajo;
  • no recibe un sueldo;
  • no participa de las utilidades, décimos, fondos de reserva.

En definitiva, en que tiene derechos y recompensas por su actividad, pero que estas son marcadamente distintas a los derechos laborales del personal que dirige.

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