Frank Hawke llegó a China a finales de la década de los setentas. En ese entonces Beijing era una ciudad muy diferente: las calles estaban atascadas de bicicletas, la forma más rápida de llegar a clases era en el carro de vegetales jalado por una mula que, según Frank, pasaba religiosamente frente a su dormitorio universitario a las ocho de la mañana. En esa época todavía se usaban cartillas de racionamiento y los estudiantes tenían un número limitado de estampas; igual, esto no detenía a los dueños de cafeterías y restaurantes que, con un gesto cómplice, dejaban pasar uno que otro almuerzo sin ponchar la tarjeta. En esa Beijing las refrigeradoras eran un lujo impensado y la comida se servía siguiendo una suerte de calendario estacional, en verano pollo, cerdo y carne; en invierno mucha, muchísima col china (白菜) que, por esas coincidencias, resiste a la intemperie el duro invierno que traen los vientos siberianos a la ciudad. Y en primavera, al menos los primeros meses, toda la col china que sobró del invierno, antes que el calor la eche a perder.

Frank es uno de los Ocho de Beijing, el poco creativo nombre con el que se bautizó al primer grupo de estudiantes americanos que visitaron Beijing en un intercambio cultural. Aterrizaron en la ciudad en 1979 y su llegada significaba un paso más en el restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y China, que había iniciado con la visita secreta de Kissinger[1] a Zhou Enlai (周恩来)[2] en 1971[3].

Tuve la fortuna de escuchar de la boca de Frank todas estas historias durante una charla en la Universidad de Peking (北京大学) en 2012. La ciudad ha cambiado abismalmente entre desde 1979, las bicicletas ahora comparten su derecho de vía con autos y camiones; es muy fácil conseguir vegetales fuera de temporada o cenar la mejor carne americana en los rascacielos del SoHo de Chaoyang (朝阳区)[4]. De hecho, el desarrollo ha cambiado tanto la cara de la ciudad que los hutongs (胡同), los barrios tradicionales que antes dominaban Beijing, ahora son preservados como joyas arquitectónicas del pasado; la mayoría fueron destruidos para dar paso a inmensos proyectos inmobiliarios. Y es que la frase “hacerse rico es glorioso” (致富光荣), pronunciada por Deng Xiapoing (邓小平) después de la apertura económica en los ochentas[5], caló hasta los huesos en el espíritu emprendedor chino. Ahora Beijing es una metrópolis cosmopolita y China crece a pasos agigantados.

Pero entender un país de más de mil millones de habitantes es mucho más complicado de lo que parece. No existe una sola China, existen varias: la rica costa este, el pujante sur, las zonas económicas de desarrollo en Shenzhen (深圳) y Shanghai, las provincias predominantemente rurales de la china central, Hong Kong y las Guerras del Opio, los casinos construidos con capital americano en Macao. No se puede hacer generalizaciones y creer que con entender una ciudad, una región o una cultura de hacer negocios en China implica que ya todo está resuelto. China es increíblemente compleja, y con eso en mente Frank nos dio un último consejo: no confíen en nadie que se autoproclame ser un experto en China, tal cosa no existe.

Así queremos dar inicio a una serie de entradas en este blog que tratarán sobre China, su cultura de negocios y sus leyes. Intentaremos capturar en las siguientes entradas las particularidades y diferencias culturales, lo que hemos aprendido de nuestra experiencia, lo que se debe y no se debe hacer cuando se intenta crear una relación comercial y la forma de manejarla. No creemos ser expertos en China sino experimentados, nadie que conozca China a profundidad podría aspirar a algo más.

[1] En ese entonces Henry Kissinger era Asesor de Seguridad Nacional de Richard Nixon.

[2] Zhou Enlai era el Premier de Mao Zedong cuando se reunió por primera vez con Kissinger.

[3] Kissinger describe esta primera reunión con lujo de detalles en su libro On China, Penguin 2011.

[4] Chaoyang es el distrito financiero de Beijing.

[5] Existe un debate en torno a esta frase, muchos historiadores dicen que Deng nunca la pronunció. De cualquier manera, ella captura perfectamente el ambiente que se vivía después de la reforma económica y la apertura al mundo de China.

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