El estreno chino de Django Unchained, la última película de Tarantino, estaba previsto para inicios de abril de 2013. El día del estreno, cuando los créditos de apertura empezaron a rodar, la proyección se detuvo de manera abrupta y las luces se encendieron. Lo mismo sucedió en todas las funciones alrededor de China y todos los teatros acusaron, en un inicio, que errores técnicos habían causado la interrupción. Días después, en blogs y redes sociales, se comentaba lo que para todos ya era evidente: el estreno se suspendió por orden de la Administración Estatal para la Prensa, Publicaciones, Radio, Cine y Televisión (SART, por sus siglas inglés). La SART ordenó retirar la película hasta que se modifiquen escenas extremadamente violentas y desnudos frontales. Pareciera que la decisión es puramente moral, pero en realidad es parte de una batalla de dominancia cultural, donde los consumidores chinos son el botín.

El problema se origina porque China impone una cuota de 20 películas extranjeras por año que pueden proyectarse en sus cines. La cuota fue objeto de una batalla legal ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) que, en 2009, le dio la razón a Estados Unidos, asegurando que la limitación es una violación a las obligaciones comerciales de China[1]. Pese a la decisión de la OMC la cuota sigue vigente, y solamente se elevó a 34 películas después de negociaciones entre los dos países durante 2012[2]. Hollywood tiene un interés enorme en ingresar a China, la segunda taquilla más grande del mundo, que solamente está detrás -por muy poco- de la estadounidense. Mientras tanto, el gobierno chino desea apalancar su imagen en la cultura pop, y usa a su mercado cautivo (que significó para algunas películas más de USD 150 millones en ganancias) para lograrlo.

En el fondo, esto se trata de trasladar el poder económico chino y convertirlo en influencia cultural. Los réditos de estar del lado correcto de los productos de la cultura pop son mucho más grandes de lo que pudiera parecer. China comenzó a usar su mercado como herramienta para moldear los contenidos de los blockbusters veraniegos, al inicio de manera sutil, y ahora de manera más agresiva. No es una coincidencia que Skyfall, la penúltima reedición de James Bond, nos lleve a los rascacielos de Shanghái junto a Daniel Craig. En X-Men: Days of Future Past, media hora de la película se desarrolla en Hong Kong, con Li Bingbing (la estrella China que hace más dinero que Julia Roberts o Angelina Jolie) como parte del elenco. Iron Man 3 incluyó en su versión proyectada en Asia, cuatro minutos adicionales de cinta donde Tony Stark era salvado por un elenco de médicos chinos. En The Martian, es el gobierno chino el que se sacrifica y salva al estadounidense entregándole un cohete para rescatar a Matt Damon. Este tipo de inclusiones ayudan a superar las barreras de los censores y a hacerse con uno de los 34 espacios de la cuota, a la vez que complacen al público chino y fijan, poco a poco, una imagen positiva del país. Ya son varios estudios americanos que han invertido en alianzas con productoras chinas para presentar sus filmes como productos nacionales, que no están sujetos a la cuota[3]. En cambio, cualquier representación poco amable de China, o incluso de sus problemas políticos actuales, son recibidos de muy mala manera. Después de que Pacif Rim (la película, dirigida por Guillermo del Toro que cuenta cómo la humanidad debe construir robots gigantes para luchar contra extraterrestres) se mostrara en China, el periódico oficial del ejército publicó un editorial criticando que la batalla decisiva del film tomara lugar en el Mar de la China Meridional, un lugar disputado por China y sus vecinos del sudeste asiático. Según el diario, Estados Unidos pretendía avanzar su propaganda y transmitir el mensaje de que el Mar es un lugar sin reglas, abandonado y sin nación que ejerza soberanía sobre él.

Este pulseo seguramente continuará avivándose a medida que los consumidores chinos posean cada vez más riqueza y dinero para usarlo en entretenimiento. Esta historia deja una lección para los empresarios ecuatorianos, que han estado acostumbrados a crear productos que apuntan, desde el sabor hasta su presentación, a mercados americanos y europeos. China ya es, por Producto Interno Bruto (PIB), la economía más grande del mundo, ninguna estrategia de negocios a futuro puede prescindir de ese mercado.

[1] Toda la información relevante sobre la queja presentada, puede encontrarse en el siguiente link: https://www.wto.org/english/tratop_e/dispu_e/cases_e/ds363_e.htm

[2] Un resumen del enfrentamiento entre China y Estados Unidos (desde el punto de vista americano) que incluye información sobre la negociación, puede encontrarse en el siguiente link: http://www.uscc.gov/Research/directed-hollywood-edited-china-how-china%E2%80%99s-censorship-and-influence-affect-films-worldwide

[3] Un ejemplo es DreamWorks, que creó Oriental DreamWorks y ahora está trabajando en Kung Fu Panda 3, una película tallada, según los reportes de prensa, para gustar al consumidor asiático.

Advertencia: El boletín de Pérez, Bustamante & Ponce no es ni podrá ser usado como asesoría u opinión legal, en vista de que se trata de un documento puramente informativo

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