En estos últimos meses, Rusia no solamente ha declarado la guerra a Ucrania, sino que también ha entrado en conflicto la propiedad intelectual. ¿Cómo es posible esto?

En las últimas semanas varias empresas, entre las que se encuentran McDonald’s, Louis Vuitton o Hermes, han manifestado su salida inmediata de territorio ruso en reacción a la grave situación actual. Ante estas acciones, el gobierno ruso ha emitido un decreto legislativo en el cual se establece que el Estado y las empresas rusas ya no se encuentran obligadas al respeto y compensación por el uso de patentes, modelos de utilidad y diseños industriales de titularidad de empresas provenientes de estados enemigos como Estados Unidos. Esto significa que las empresas rusas pueden utilizar la propiedad intelectual protegida de empresas provenientes de tales países sin su consentimiento y sin pago alguno de regalías y que los titulares de estos derechos no pueden accionar en contra de los posibles imitadores rusos. En la práctica, Rusia está legalizando de manera indirecta la piratería.

Los oficiales rusos han mencionado que su próximo paso será expandir este relajamiento de regulaciones a marcas y derechos de autor como el software. A pesar que la liberación de marcas no ha sido oficialmente declarada, ya existe una solicitud de marca por parte de una cadena de restaurantes rápidos rusos que incluye un logotipo altamente similar a los famosos arcos dorados de McDonald’s:

Rusia vs la propiedad intelectual

Tomando en consideración la propuesta de liberación de los derechos de propiedad intelectual, es muy poco probable que el titular de los arcos dorados pueda iniciar acciones en territorio ruso para proteger sus derechos. Respecto a acciones internacionales, los titulares de derechos podrían iniciar acciones ante la WTO y solicitar sanciones. Sin embargo, en los últimos días los aliados occidentales han propuesto expulsar a Rusia de la WTO, lo que eliminaría esta vía de acción internacional.

Podría parecer que involucrar en una guerra a la propiedad intelectuales una medida extraña. Sin embargo, se han visto situaciones relacionadas desde hace muchos años. Un ejemplo interesante, es el caso de la Aspirina de Bayer al final de la Segunda Guerra Mundial. Esta marca obtenida por una empresa alemana tuvo que ser entregada a los países aliados como parte de la reparación exigida a Alemania en el Tratado de Versalles.

Esta batalla de propiedad intelectual solo terminará una vez desaparezcan las tensiones entre Rusia y los países occidentales, sin embargo, sus consecuencias afectarán durante mucho tiempo la confianza en la protección de activos intelectuales en ese territorio y las inversiones futuras, lo cual constituirá un obstáculo adicional a la recuperación de la economía rusa tras las fuertes sanciones económicas impuestas por los aliados de occidente.

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